martes, 4 de marzo de 2008

alegría

Se le había olvidado lo que era ese sentimiento. Tantos años sentado en este parque vacío no era para menos.

Nunca había visto nada más desolador que unos columpios sin niños. Pero nada le hacía salir de su rutina. Llevaba varios años yendo a ese parque a ver pasar las mañanas. La rutina solo se veía interrumpida los días de lluvia.

Pero esa era una mañana soleada, algo raro en el mes de enero. Y, como el tiempo acompañaba, allí estaba sentado mirando al infinito.

No era muy mayor, pero la jubilación anticipada le había dado muchas horas libres, y allí, sentado solo con sus pensamientos ocupaba sus mañanas mientras su mujer trabajaba.

Tanto tiempo libre le habían hecho testigo de la enfermedad que asolaba a su pueblo. La gente joven se marchaba de allí en busca de un futuro, y no solían volver. Por lo tanto el parque en el que sentaba había sido una obra inútil porque no había niños.

Le gustaba sentarse allí intentando recordar días mejores, pero la ausencia de niños había ido mermando su ánimo. La alegría ya no se asomaba por sus ojos.

Su mirada parecía la de una persona mayor. Una persona cansada de la vida.

Ya estaba a punto de marcharse esa mañana, cuando ocurrió algo que le era del todo inesperado. A sus espaldas oyó las voces de dos niños. Se volvió no de golpe, si no despacio, como intentando no llevarse mucha desilusión al descubrir que todo había sido un engaño de su mente.

Pero allí estaban, dos niños que preguntaban a su madre si podían ir a jugar a los columpios, sin esperar la respuesta de la misma. Lo primero que hicieron fue subirse al tobogán llenando el parque de risas.

Él contemplaba atónito la escena, a la vez que una sonrisa se le dibujaba en la cara. No daba crédito a ver a dos niños disfrutar de esos columpios. Se quedó allí mirando a los dos niños jugando hasta que se fueron al cabo de un buen rato.

En ese momento la sonrisa se desdibujo de su cara. Había reencontrado la alegría para volverla a perder, ese era su pensamiento. Resignado volvió a su casa. Pensando que el próximo día que fuera al mismo parque solo se encontraría soledad.

Tardó dos semanas en poder volver al parque y lo que se encontró allí fue algo más inesperado que aquellos niños. El parque estaba repleto de niños pequeños. No quiso saber a qué se debía. Como siempre que iba allí se sentó a dejar pasar la mañana. Pero esta vez la sonrisa no se borró de su cara.


Tengo que agradecer la inspiración a esta canción del Circo del Sol. Y como lo merece pues subo mi primer vídeo.

2 comentarios:

Pater dijo...

no stá mal...valdría como historia muda, amos, lo ke es...pero gráficamente hablando, ya me entiendes
el video se ve, así ke bloguer responde

Andrea dijo...

Y yo porque no había visto esto??
Ni me informas eh?

Me ha gustado :)
(L)

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